Hay oficios que casi se convierten en rituales. Sentarse cómodamente, tomar el hilo entre las manos, tensar la tela y dar las primeras puntadas con calma… En nuestro atelier, el tiempo se mide de otra manera.
Con saberes transmitidos de generación en generación, las prendas cosidas en silencio o al ritmo de las melodías que tarareamos marcan el movimiento de las agujas del reloj. Nuestras creaciones no son simples vestidos, sino piezas que recogen un pequeño fragmento de historia en cada detalle.
A través de la costura, me atrevería a decir que mantenemos vivo un hilo especial que se va tejiendo: el de nuestra manera de trabajar como pueblo, el de la sabiduría que nos han transmitido nuestras abuelas y el del mundo que queremos construir mirando hacia el futuro.
El nuestro es un oficio artesanal que, para muchos, puede parecer propio del pasado. Pero yo creo que es uno de los elementos imprescindibles para tejer el futuro que queremos construir. En un mundo en el que todo se hace deprisa, ofrecemos la posibilidad de detenerse. De hecho, en nuestro atelier, Soia Bridal, cada prenda se crea con calma. Nos centramos en el ser de cada persona, en su cuerpo, su carácter
y su belleza natural, dando a cada una su lugar, escuchando y ofreciendo siempre acompañamiento a lo largo de todo el proceso.
Quienes nos dedicamos a la alta costura (o quienes ofrecemos un servicio personalizado similar) no ofrecemos únicamente un producto o un servicio:
representamos identidades y, como consecuencia, contribuimos a la memoria colectiva.
Y a la hora de representar esas identidades, la lengua también tiene su lugar. En este momento en el que estamos difundiendo nuestro trabajo tanto a nivel estatal como internacional, mantenernos fieles a nuestras raíces es una elección consciente y, para algunos, valiente. Ser un proyecto arraigado en Euskal Herria le aporta fuerza, coherencia y personalidad. Que el euskera forme parte de nuestro trabajo diario y de nuestra comunicación no es una limitación, sino una muestra de nuestra singularidad. A la hora de compartir con el mundo la visión y los valores de Soia, la lengua le aporta un matiz íntimo y auténtico que hace nuestra actividad más cercana. Además de las técnicas que utilizamos para crear, la forma de expresarnos refleja también su alma. Y eso, para nosotras, es un honor.
