Goiuri Unanie (Soia): ¿Por qué no alquilar el vestido para ir de boda?

— DECIR QUE UNA BODA SALE CARA, MUY CARA, NO ES DECIR NADA NUEVO. ASEGURAR QUE A LA MAYOR PARTE DE LAS PERSONAS, INVITADAS O PROTAGONISTAS, LES GUSTA LUCIR SUS MEJORES GALAS EN UN DÍA TAN ESPECIAL, TAMPOCO LO ES.

— ¿PARA UN DÍA? GOIURI UNANUE, LA JOVEN DISEÑADORA DE LA MARCA SOIA, OFRECE OTRA OPCIÓN: ALQUILAR SUS DISEÑOS.

ARANTXA LOPETEGI IKER AZURMENDI 

Decir que una boda sale cara, muy cara, no es decir nada nuevo. Asegurar que a la mayor parte de las personas, invitadas o protagonistas, les gusta lucir sus mejores galas en un día tan especial, tampoco lo es.

La oferta es amplia, prácticamente inabarcable. Pero si la invitada o la novia es de las que quiere acudir a la cita con un modelo que no se repita, en el caso de las invitadas; o hecho solo para ella, según sus gustos y valorando el más mínimo detalle, en el de la novia; no hay más remedio que aceptar que el desembolso será importante.

¿Para un día? Goiuri Unanue, la joven diseñadora de la marca Soia, ofrece otra opción: alquilar sus diseños abonando solo el 20% de su precio de venta.

De momento, reconoce Unanue, esta es una fórmula mejor acogida por las invitadas que por las novias, que “prefieren llevar su traje y que quede después para ellas”.

De este modo, diseños de Soia que se han presentado en desfiles pueden lucirse en los eventos familiares a un precio mucho más reducido, siempre adaptado al cuerpo de quien alquila el modelo.

“Cuando empezamos con los diseño a medida los presentábamos en desfiles. Esas muestras para las pasarelas se quedaban aquí, sin vida. Eran piezas exclusivas, solo una por modelo, pero se habían usado para desfiles y sesiones de fotos y ya no estaban para vender”, explica Unanue.

Esas piezas fueron el germen de la idea de alquilar modelos para las bodas. “Había una tendencia en ciudades europeas, ahora también en el Estado, de alquilar las piezas y pensé que con el tema del covid y ya que la gente no se adelanta a comprar para que luego se retrase la fecha, podía ser una buena idea”, abunda la joven diseñadora de Orio.

“También ha ocurrido que invitadas se han hecho un vestido a medida y por el tema de aforos se han quedado sin ir a la boda, es una faena tras la inversión. Esta puede ser una solución”, destaca Unanue. Porque, asegura, la opción de acudir a las grandes marcas tiene un riesgo: “Llegar a la boda y encontrarte con otra persona vestida igual que tú“.

Esto no pasa en el caso de alquilar un modelo exclusivo, no hay otra igual. “Nosotras llevamos una agenda para que los vestidos no se repitan en las mismas zonas o encuentros”, explica. Se deja una fianza, que se recupera, y se abona en concepto de alquiler el 20% del coste del modelo. “Así no haces una inversión tan potente, porque estos modelos son piezas muy especiales que quizá posteriormente no reutilices en muchas ocasiones”.

¿Por cuánto saldría a una clienta alquilar modelos tan singulares? Los precios de un vestido de invitada, venta al público, pueden oscilar entre los 300 euros, en el caso de que sea un vestido de colección, con el patrón ya hecho y con el prototipo previamente elaborado; a los más de 500 euros que cuesta un diseño exclusivo realizado sobre un pormenorizado estudio de los gustos y del cuerpo de la clienta.

En el caso de los vestidos de novia los precios oscilan entre los 1.000 euros y llegan “hasta donde quieras”, dependiendo de la complejidad del diseño, tejidos y otros aspectos.

Siendo estos los precios aproximados de venta, el cálculo es sencillo. Por ejemplo, lucir un día un vestido de 500 euros podría costar 100 euros. “Puedes llevar a una boda por 50 euros vestidos que no vas a ver a nadie más, adaptados a tu figura”, añade Unanue. La diferencia de precios es notable.

Cada vestido tiene su rango a la hora de hacer arreglos. Si en el que te gusta se puede sacar de aquí o meter de allí, se hace. Si no es posible, ofrecemos a la clienta otro modelo que le vaya a sentar mejor”, apunta la diseñadora.

“Yo trato igual a la clienta que viene a comprar un vestido que a la que viene a alquilar. Cojo cita y cierro la tienda para ellas“, añade. Y es que a veces la clienta se da cuenta de que la prenda que “le encanta en la percha” no es la que mejor le va. “Es importante dejarse asesorar”, abunda.

Pero no solo se alquilan vestidos, sino también tocados, sombreros y bolsos. Porque Goiuri Unanue comenzó en el mundo de la moda diseñando bolsos. Todavía sigue ofreciendo sus bolsos “pirámide” para las invitadas, en venta y alquiler. “Hay clientas que los siguen pidiendo y en Navidades hago una tirada a quienes me los solicitan a través de las redes”.

También diseña tocados y pamelas. “Con el alquiler empecé así, con tocados y pamelas. Aquí no hay costumbre, nos gusta verlos pero no nos atrevemos. Cuesta gastar 200 euros en un sombrero para un día. Por eso mucha gente prefiere alquilarlos y no comprarlos”, señala.

Para quienes quieren comprar su vestido a medida también hay distintas opciones. Si se acude al local de Soia, en Aita Lertxundi 22 de Orio, se puede elegir alguno de los modelos ya diseñados, que Goiuri Unanue volverá a coser adaptándolo a la talla de la clienta y, si se así se quiere, realizando los cambios en color o tejido que se estimen necesarios.

La segunda opción es el diseño exclusivo. ¿Cómo se plantea? “Conocemos a la clienta, hablamos de sus gustos, vemos qué tipo de cuerpo tiene o qué colores le van bien. Posteriormente presento varios bocetos y empezamos a dar forma al vestido”, destaca Unanue.

En la moda nupcial también hay tendencias, aunque “siempre hay siluetas clásicas y elegantes” por las que no pasa el tiempo. Unanue habla con admiración de los diseños de Cristóbal Balenciaga, que “aunque pasen otros 200 años serán tendencia”.

A Goiuri Unanue le gustan las líneas limpias, puras y que las novias confíen en ella para que, de forma conjunta, se vayan depurando los detalles hasta lograr el diseño perfecto, a veces alejado de la idea inicial de la clienta.

“En Euskadi en general, pero más en Donostia y su entorno, nos gusta lo sencillo, las líneas clásicas. Nos gusta más el estilo nórdico, más recto. Y en colores, sota, caballo y rey”, explica. Esta forma de vivir la moda se nota en los vestidos de novia, ya que no se piden “ni encajes ni brillos”.

“No solo estudio el cuerpo o los colores que le van bien a la novia, también hablamos de sus gustos en arte o música para conseguir el resultado deseado. No es un proceso cerrado, se va cambiando sobre la marcha, incluso tras hacer el prototipo”, explica Unanue, que trata de asesorarlas también con el peinado, maquillaje o las flores.

En tiempos de pandemia lo que sí ha notado es que clientas que estos meses “han ahorrado”, de forma obligada por las restricciones, han decidido “darse un capricho” e “invertir en un diseño exclusivo, en un vestido o en un abrigo”.

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